Era miércoles ocho de mayo, precisamente son las seis
de la mañana. Como todos los días Frida acude a dejar a su esposo Santiago al
trabajo, sólo contaban con un coche, el cual ella utilizaba con mayor
frecuencia que él, de regreso no se percato de que un hombre mayor la observaba mientras ella bajaba de su automóvil,
inmediatamente saco las llaves y abrió la puerta del barandal rustico, de un
color verde jade, para entrar a su morada, la cual se situaba en el fraccionamiento
Bugambilias de Gómez Palacio Durango. Quizás pensó que podría estar segura
accediendo a su hogar, pero su suerte no fue agraciada, puesto que el hombre
brinco el barandal con mayor velocidad que ella al abrir.
“¿Qué quiere? ¡Tenga, llévese el carro!” Dijo
la víctima, luego de estar dentro y aventando las llaves al suelo, el
delincuente no le bastaba con eso y de manera agresiva insistía en preguntarle
a Frida quién se encontraba dentro de la casa, “Mi hijo y yo” contesto; posteriormente
le pidió que abriera la puerta, tomándola del
cuello y presionando con un cuchillo; probablemente desde este momento,
una inmensa angustia se apoderaba de la madre del pequeño, en su cabeza
rondaban un sinfín de ideas de lo que pudiese pasar o tal vez hubiese querido
que la situación por la que pasaba no fuera real.
Por
consiguiente, el malhechor la amarro fuertemente de las muñecas con un calcetín
grueso, aventándola contra el piso, encendió la luz luego de congregarse a la
habitación donde permanecía dormido el infante.
“No
grites, no grites si no quieres que le pase algo al niño” manifestó el agresor merodeando
el arma por todo el cuerpo del pequeño Santiago.
Frida
solicitaba que el hombre le dijera que quería para que ella pudiera acceder,
sin embargo, el bandido no se lo hacía saber y solamente le ordenaba que se
callara.
Todos
los focos de la vivienda se encendían mientras ella permanecía tapada con una
toalla, no lo suficiente cubierta, ya que podía ver cuando las luces se prendían,
durante esto el maleante esculcaba muebles como repisas, cajones, cajas,
armarios, etc. Probablemente el delincuente se mostraba tal cual individuo, es
decir sin algo que hiciera noción como para no conocer sus rasgos físicos o su
paradero.
Mediante
el proceso de hurtar sus pertenencias la victima escuchaba que regresaba una y
otra vez, Frida podía ver que él rodeaba al niño con el cuchillo, al mismo
tiempo que este la asechaba. La última vez, despojo la toalla de su cara,
exigiéndole que le indicara donde se encontraba el control de la pantalla
plasma, de marco negro, situada en la sala del hogar, así como exigiendo
facturas de ésta y del automóvil. El agresor percatándose del teléfono,
rápidamente lo desconecto.
“Al
parecer el atacante era inteligente, porque sabía de facturas y de NIP’S, yo
creo que se trataba de una persona que robaba cosas para luego venderlas”
interpreto Verónica García, prima de Frida.
El
ladrón requería maletas para guardar lo que había robado, al darse cuenta que
Frida no tenia, se molesto y le dio un empujón, no le quedo de otra que poner
las cosas en cajas, mientras Frida rezaba un padre nuestro para que la criatura
no despertara.
“¡Cállate, ya cállate, voy a regresar si cancelas el
dinero de las tarjetas, ya vi las facturas de la llantera y tienes dinero” advirtió el
vándalo.
Finalmente
marchándose, intento levantarse, llegando hacia el teléfono, el cual el sujeto
no logro desconectar del todo, Frida llamo a la vecina, ésta de una manera
eficaz acudió junto con su hija para desatarla, la víctima se encontraba en
vuelta en llanto, tal vez agradeciendo a Dios porque la situación no hubiese
pasado a mayores, en cuestión de que se despertara el pequeño Santiago.
“Me
marco, no le entendía nada, era temprano, de mañana y me salí en pijama, agarre
un taxi y me fui a ver que le había pasado, nada más supe que le habían robado,
pero me asuste porque estaba llorando, ya luego me di cuenta de que había
estado feo, pobre de mi hija” comento la madre de Frida, angustiada.
Algunos
familiares se habían enterado del acontecimiento, una de ellas fue Verónica
García, a la cual su madre, tía de Frida, le aviso, Verónica se angustio, ya
que vivía a unos cuantos fraccionamientos de su prima. Ella le comento a su
marido Antonio Gómez, por lo que éste fue a ver como se encontraba la afectada, para poder
apoyarla en lo que necesitara.
“Cuando
llegue, las dos estaban llorando, también estaba su tío Camilo y su esposa, la
razón de su llanto era obvio, estaban muy asustadas” declaro Antonio Gómez.
Existen
más de cincuenta casos de delincuencia e inseguridad por mes, en la región de
Gómez Palacio, según el Siglo de Torreón. El caso de Frida es una víctima más, que pasa por una circunstancia
traumante, puesto que los individuos de esta colonia no pueden estar seguros ni
en su propia vivienda, al parecer esta misma situación paso en el
fraccionamiento los Álamos, que encuentra a una corta distancia del
fraccionamiento Bugambilias, por lo que los vecinos están atemorizados.
“Frida
sigue asustada, tiene las muñecas rojas de cuando la amarraron, la están
barriendo, y casi no puede dormir” Dijo Verónica García.
La
perjudicada opto por cambiarse a la casa de su madre, porque constantemente
emanaba la mortificación de que el sujeto regresara, su esposo cuenta con
crédito ‘infonavit’ el cual uso en la compra de esa casa, tal vez pudiese
traspasarla, pero no obtendrían una nueva en un largo tiempo, ya que los
precios son demasiado elevados en comparación de su presupuesto.
Por
más que el ciudadano se esfuerce en adquirir algún crédito como ‘infonavit’ no
se puede destinar si es se le considera una "buena zona" o si será seguro, debido a la
delincuencia que existe en la ciudad, además de la suerte no agraciada con la que corrió Frida y su familia.
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